Torogoz
Imaginemos un teatro grandote, del tamaño de un gran árbol, o como un globo
inmenso, flotando feliz porque hay mucha gente dentro de él. Podemos ver el
telón de boca que permanece cerrado. E inesperadamente, justo de entre
nosotros, aparece, saltando, vivaz, un niño. Oigámoslo:

